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Érase un cliché

30/11/2018

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Susana Quirós, administradora del blog eraseunadevoralibros, publica este interesante artículo sobre los clichés literarios, si su utilización puede o debe evitarse o, al contrario, los autores los utilizan en combinación con otras técnicas.

En un mundo en el que cada año salen tantísimos libros y con tanta tradición de plasmar maravillosas historias por escrito, al final, muchas veces uno no puede evitar caer en determinados tópicos. En publicidad - que es lo que estudié- solemos decir que la creatividad no consiste en crear algo de la nada (eso es prácticamente imposible) sino en combinar los elementos con los que contamos de una forma original y diferente a lo hecho anteriormente. Sin embargo, por muy original que sea uno, no puede evitar en lo que denominamos clichés: situaciones típicas que solemos ver en un género, personajes con roles similares, tramas que se repiten…

Cuando uno piensa en ellos, tiende a pensar en triángulos amorosos, instalove…  elementos sobre todo del género romántico, que para bien o para mal es el que suele estar plagado de ellos. Yo misma son los que más detesto y durante una época era reticente a leer romántica contemporánea - algo que hoy considero que fue un error y que he solventado-, sin embargo existen muchos otros en todos los géneros. Por ejemplo la fantasía, que sabéis que es uno de mis géneros predilectos, es habitual encontrar a un héroe huérfano (no lo olvidemos, los padres en literatura molestan), que pasa de ser un auténtico pardillo a un gran guerrero tras no más de un par de meses entrenando con un mentor que tarde o temprano morirá para que este intente vengarlo. No olvidemos que a la vez hay un malo malísimo, que es un villano sin ninguna razón aparente, un amigo torpón y una chica despampanante.

Vale, perdonad el párrafo anterior, quizás lo he simplificado todo pero era para que entendieseis mi punto. Que una novela tenga clichés es inevitable, el problema no radica en estos, sino en sostener toda tu historia en ellos. Si simplemente son un medio para un fin no me molestan en absoluto. Pensadlo, una de mis sagas favoritas - y supongo que la de muchos - es a la vez de las que más clichés contiene. Y no me oiréis renegar de mi vena fan de Harry Potter. ¿Cuál es la solución si no podemos evitar que nuestra novela tenga al menos un par? Darles un giro, por ejemplo como hace Jackson Bellami con la identidad de su asesino o el hecho de que Harry podría no haber sido el elegido.



Hace unos meses leí un artículo de Ana González Duque que explicaba en su blog como los villanos siempre parecían ir vestidos de negro o de rojo, y como alababa que George RR Martin pusiese de villana a Cersei Lannister, alguien que físicamente uno no diría que es malvada - hasta que mandase tirar a un niño de una torre por ejemplo-. Y hablando de villanos, hay cierto cliché que tenemos ya tan asimilado que al empezar una novela estamos siempre esperando ese momento: cuando el criminal decide contar sus planes al héroe. ¿Es que nadie tiene en la historia un televisor para saber que ese va a ser su fin o es que en sus guaridas no llega la señal de la televisión? ¿No leen? No es pecar de incautos, es simplemente ser absurdo, dado que la mayoría llevan años planeando sus acciones. Porque sí, suelen ser inteligentes y cautos, fríos como témpanos y casi indestructibles. Incluso normalmente son ricos. Se echa de menos encontrar a un villano torpe, que tenga que apretarse el cinturón, y que sea algo pasional, es decir, que no haya pensado lo que iba a hacer hasta que lo hizo.

En cuanto al bando de los buenos, los héroes no son sólo políticamente correctos sino que además suelen ser atractivos y tener buenas cualidades. Y entonces otra vez tengo que mencionar al autor de Canción de hielo y fuego para hablar de ese maravilloso Tyrion Lannister que lo mismo le da su comportamiento, que no sólo es feo sino además tullido y que pese a todo se ganó mi corazón desde el primer instante. Sin duda un aplauso para Martin, porque si alguien es experto en esquivar estos clichés - al menos los relativos a personajes- es él.

En cuanto a la ambientación, los gobiernos totalitarios son un instrumento a menudo usados para dar profundidad a la historia, pero aunque hay géneros donde son útiles, en otros es realmente innecesario. Y quiero mencionar, porque no había caído hasta una de mis charlas, que los nombres suelen ser rimbombantes o incluso de otra época, o extranjeros. Sobre todo si hablamos de fantasía - ¿En serio? ¿Hermione? ¿Bilius? Algunos padres son muy crueles-.

También tenemos el Deux ex machina, o cómo de repente la situación se solucionar por una fuerza externa, un personaje que aparece de la nada o un elemento mágico. O por ejemplo cómo los villanos siempre para demostrar que son malvados matan a uno de sus esbirros. Gracias pero no hacía falta. También os digo que si dichos ayudantes habían decidido atacar al protagonista de uno a uno es que no leyeron sobre las hordas de orcos de Tolkien, y yo también los habría matado. Así uno no se gana su sueldo. Aunque también seamos sinceros, el villano que deja al héroe al borde de la muerte en lugar de rematarlo, muy inteligente no es. Pero claro, todos sabemos que los buenos tienen una puntería maravillosa y los malos una puntería horrible.

Y podríamos hablar de mil más: heridas irreales que se curan solas o que al personaje no inhabilitan como deberían, objetos mágicos poderosos que derrotarían al malvado villano, protagonistas que normalmente son unos ligones pero que aparece la chica de la historia y de repente son súper torpes… Seguro que a vosotros se os ocurren unos cuantos. Como os decía, por separado no hay ningún problema pero si caemos en la combinación de los de siempre encontramos la misma historia pero con diferente título, o si sostenemos toda nuestra trama en determinado elemento, cuando este se resuelva o pase a ser secundario, la historia se caerá. Hay que mantener al lector interesado, sorprenderle con giros inesperados o lograr involucrarlo. Personalmente no puedo darle la máxima puntuación en mi blog a una novela que no me ha sorprendido. Antes os hablaba de Querido asesino, y recuerdo que cuando lo leí, me sorprendió saber la identidad del villano antes del final - como suele pasar- y que a raíz de saberlo, la historia cambiase súbitamente de género. Tuve que cerrarlo y continuar al día siguiente porque necesitaba asimilar qué había pasado.



En definitiva, Tolkien, Lewis, Rowling… son grandes autores, pero no por ello debemos tampoco intentar imitarlos. Como a muchos me encanta el mundo que creó Tolkien y todas las especies, pero no tenemos por qué encontrar al mismo tipo de elfos en toda novela de fantasía. Hay que ser valientes, como Concha Perea en su libro La corte de los espejos, donde la protagonista es una knocker bastante antipática y fea, y los elfos son crueles y despiadados. Crea una sociedad donde son estas criaturas las que no creen en humanos, en lugar de al contrario y fue quizás lo primero que consiguió atraparme antes incluso de leerlo. O nuestro autor, J.P. Naranjo que crea una distopía donde son las mujeres las que esclavizan a los hombres y los usan como quieren. Quien no arriesga no gana. Sé selectivo, usa sólo los clichés necesarios y retuerce los otros, tu historia destacará más.

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