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Feminismo y literatura

31/10/2018

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Susana Quirós, administradora del blog Eraseunadevoralibros, nos habla sobre el origen, evolución y actualidad del feminismo en la literatura. Y recorremos una serie de escritoras, títulos y curiosidades relacionadas.

¡Hola chicos! Hoy, aprovechando que por fin ha salido Hijo del Hierro de J.P. Naranjo, vengo a hablaros de un tema que considero realmente importante: el feminismo en la literatura.

Para los que no lo conozcáis aún, Hijo del hierro es una historia distópica en la que, tras una gran guerra el mundo que conocemos que ha cambiado, las mujeres han tomado el mando. Bajo el lema de que los hombres son los responsables de todos los males que ha vivido la sociedad, aparece Matter, una ciudad en la que los hombres son esclavizados y sometidos a fuertes torturas. Dor, uno de los hijos del hierro, tendrá que escapar y liderar una revolución contra el duro régimen en busca de la igualdad, uniendo pueblos, hombres y mujeres…

Aunque las villanas en esta historia sean las mujeres, se trata de un libro que reflexiona sobre cómo puede corromper el poder, las consecuencias de nuestros actos y la necesidad de crear un mundo donde todo el mundo pueda ser libre.

Bien, desde el principio me pareció una premisa muy interesante, y al mismo tiempo un tema arriesgado con el movimiento feminista tan en auge. Y sí, hablo de feminismo, porque la lucha por la igualdad entre hombre y mujer comenzó hace mucho tiempo, pero es ahora cuando se están consiguiendo grandes avances, aunque aún quede mucho camino por recorrer. Y afortunadamente ha inundado también la ficción, tanto en series de televisión, como El cuento de la criada –inspirada en la novela de Margaret Atwood–, cine, y por supuesto la literatura.

Antes de empezar, no debemos confundir entre literatura feminista y literatura femenina, esta última hace referencia generalmente a novelas románticas escritas por y para mujeres. Algunos la definen como “un compendio de clichés de lo que se supone es lo femenino”, a menudo está marcada por temas pasionales, un amor desmedido hacia el prototipo de hombre ideal, enfrentando grandes obstáculos y sacrificios para conseguir estar juntos.

Por el contrario, la literatura feminista intenta crear conciencia y representar las bases del feminismo, buscando la igualdad social, laboral y legal. Se trata de libros en los que lo realmente importante es el mensaje.

Recientemente encontré un estudio realizado por los académicos de las universidades de Illinois y California, quienes habían examinado más de 100.000 obras de ficción publicadas entre 1780 y 2007. El resultado alcanzado reflejaba un descenso tanto en el número de novelistas mujeres como de personajes femeninos. Lo cual me impactó profundamente, pues la creencia habitual suele ser todo lo contrario.

La realidad es que la presencia de mujeres en la literatura no es precisamente una moda. Destacan grandes figuras, como Virginia Woolf, aunque muchas otras tuvieron que publicar bajo seudónimo, como Mary Wollstonecraft Shelley –que publicó como The Autor-, Cecilia Böhl de Faber –que firmaba como Fernán Caballero-, o incluso Joanne Kathleen Rowling, a quien recomendaron utilizar solo las siglas de su nombre para poder publicar la saga de Harry Potter. No es que antes no hubiese escritoras, sino que hoy las mujeres son más reconocidas, en parte gracias a la lucha por conseguir el espacio que merecían tras una eternidad de opresión u ocultamiento, no sólo en literatura sino también en el arte, las ciencias, la historia…


No podemos tratar este tema sin mencionar a autoras de la categoría de Jane Austen y las hermanas Brönte, cuyas obras han logrado ser considerada clásicos de referencia, como son Orgullo y Prejuicio, Cumbres borrascosas, Jane Eyre…, con mujeres fuertes que destacan sobre el resto: tenaces, con temperamento y/o con claros ideales y personalidades muy marcadas. Fueron en su época un gran avance comparado con muchas otras obras que retrataban personajes femeninos como elementos superficiales, demasiado ingenuos y atolondradas con la propia idea del amor como forma de vida o una felicidad absoluto solo a través del matrimonio. En la propia familia Bennet puede apreciarse un claro contraste entre Lizzy y su hermana menor Lydia.

Virginia Woolf decía en su obra Una habitación propia "Se ha empobrecido incalculablemente la literatura con las puertas que le han sido cerradas a las mujeres". Durante mucho tiempo, el hecho de que una mujer pudiese escribir, y aún más difícil publicar, fue una gran reivindicación feminista. Lo cierto es que siempre ha habido autoras, pero estas debían enfrentarse a obstáculos que los hombres no conocen ni de lejos, luchando por ser reconocidas en el panorama literario y así poder acceder a espacios sociales y culturales que tenían vetados sólo por el hecho de ser mujeres.

Es por lo que este libro sea considerado una obra pionera en la conocida “crítica literaria feminista”, y novela altamente recomendada, si os interesa empezar a leer libros feministas. En el texto, la autora se cuestiona la situación de las escritoras y afirma que “para escribir novelas, es necesario que una mujer cuente con dinero y un cuarto propio”.

Incluso cuando ya nos metemos de lleno en la historia, el papel de las mujeres solía ser muy estereotipado, reservado siempre a madres, esposas o hijas, amas de casa, enamoradas, superficiales…, hasta que se convertían en villanas. Cuando la mujer adquiría el rol antagonista, se volvía un personaje astuto, frío y despiadado. Como si las mujeres inteligentes fuesen peligrosas. Afortunadamente, esto ya no es así y, aunque se suele caer aún en algunos clichés, podemos encontrar heroínas valientes e independientes, que viven aventuras y no necesitan ser rescatadas.

Hoy también encontramos grandes autoras como Margaret Atwood –autora de La mujer comestible y la citada El cuento de la criada entre otras– o Chimamanda Ngozi Adichie, una de las grandes escritoras del momento con su libro Todos deberíamos ser feministas, que hoy está considerado como una de las lecturas esenciales que deberían realizarse para comprender correctamente el movimiento feminista.


Sin embargo, estudios como el de la iniciativa Leamos Autoras 2014, afirman que la literatura feminista supone aún sólo un 25% de los libros que se publican, y que esto se acentúa en los libros de texto –tan sólo un 12%– así como en galardones, donde consiguen un triste 19% frente al 81% de los hombres premiados. Estos datos, en lugar de hundir a los lectores, han provocado que el público se rebele con propuestas que buscan esas grandes novelas escritas por autoras.

En mi opinión, aún queda un largo camino que recorrer. Pero estas grandes escritoras han hecho un maravilloso trabajo para facilitarnos la labor. Me gustaría pensar, que llegará un momento en el que el concepto de la igualdad entre géneros sea una realidad y no haga falta distinguir entre libros feministas y los que no lo son. Y, por supuesto, que las autoras no se vean obligadas a usar seudónimos o tener que pelear por conseguir el mismo reconocimiento que los escritores.

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