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La americanización de las novelas

18/09/2018

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Susana Quirós, administradora del blog Eraseunadevoralibros, nos analiza en este artículo cómo la cultura estadounidense, las modas o los títulos publicados influencian la literatura actual. ¿Es esto beneficioso o perjudicial?

¿Globalización a qué precio? Vivimos en un mundo tan conectado que es difícil ya hablar de lo propio y lo ajeno, nos encontramos ante una sopa de elementos culturales que adoptamos como nuestros si nos gustan. Como acudir a un restaurante y elegir directamente de la carta los platos que queremos tomar. Algo parecido encontramos en el mundo de la literatura, donde en los últimos años se han multiplicado enormemente la cantidad de títulos publicados al año. Y no sólo eso, sino también los géneros, las etiquetas y subetiquetas. Así, si queremos encontrar una novela con elementos tan dispares como un unicornio o el régimen nazi, probablemente la encontremos.

Hace unos días, navegando por Instagram, cotilleando stories de la gente (seamos sinceros, es algo que todos hacemos), una cuenta enseñaba que había encontrado una novela erótica entre una cavernícola y un tiranosaurio rex. Sí, así tal cual. Y según la sinopsis, no tenía nada que envidiar en drama a grandes historias como Romeo y Julieta, teniendo que enfrentarse ambos a la opinión de sus especies y a la inminente extinción del dinosaurio. Como esta hay mil historias, y seguro que podéis ponerme cientos de ejemplos –de hecho, por favor, quiero conocerlos. No dudéis en hablarme de ellos–, pero podemos llegar a una conclusión: Hoy, sí que podemos decir que hay una novela para cada lector.

Volviendo al tema de la globalización, hay una tendencia que siempre ha estado ahí, pero que hoy se ha vuelto ya casi una norma: la americanización de las novelas. No importa la procedencia del autor, se tiende a ubicar las historias en Estados Unidos. ¿Por qué? ¿Es quizás una repetición de los felices años 50 en los que todo el mundo aspiraba al estilo de vida americano? Esa época dorada que veíamos en la ficción y que sirvió de escape para muchas familias que no lo pasaban tan bien. En mi opinión, este no es el caso, sino que tiene varias causas, obviamente estoy hablando de mundos creados por autores nacionales, porque es lógico que un autor americano escriba sobre su propio continente. Así, por un lado, si ubicamos la historia en Estados Unidos, suele ser porque hay mayores facilidades para determinados géneros. Por ejemplo, si nos encontramos ante una trama policial o un thriller, es más sencillo alojar a los personajes en este país por la mayor facilidad del pueblo para acceder a las armas, su pasado histórico y esa ambientación hollywoodense que parece aún impregnar cada rincón de ellos.


Aunque en televisión estemos habituados a ver noticias de todo el mundo, aún sigue habiendo cierto exotismo en las historias que tienen lugar en otros rincones del mundo, como si fuese más ficción por no suceder en nuestro propio país. En Ediciones Labnar mismo, encontramos la novela Querido Asesino, que tiene lugar en un instituto americano, algo imprescindible para los hechos que se narran, y del todo creíble dada la cantidad de tragedias que desgraciadamente tienen lugar allí, encontrando un hueco en la parrilla de noticias del telediario. En otro de los títulos de la editorial, Iris, encontramos una trama de ciencia ficción donde varias facciones se pelean por el territorio de Estados Unidos y, otra vez, se requería esa facilidad de acceso armamentístico.

Dando un salto más, encontramos a autores que cambian sus propios nombres por extranjerismos, quizá porque creen que pueda afectarles negativamente su nacionalidad si su libro cruza fronteras, o simplemente por gusto, y es que todos sabemos que en inglés todo suena mejor: No es lo mismo llamarnos Blue Jeans que Vaqueros Azules, o Jackson Bellami que Juanito Benítez. Yo misma a veces peco de esto, y parte de la culpa es de la televisión y las clases de inglés en los institutos, hasta el punto de que digo los títulos de las series en el idioma original porque me suenan mejor que la traducción.


¿Es esto beneficioso o perjudicial? Pues ni lo uno ni lo otro, siempre y cuando se haga bien. Ubicar nuestra historia en otro escenario requiere una importante investigación que hay que hacer de forma concienzuda, porque nunca sabemos quién va a leerla –como sucede realmente con cualquier historia–, pero también porque se le debe al lector. Si esperas que te lean objetivamente, debes hacer un buen trabajo. Y no podemos tomar esta decisión simplemente porque esté de moda o sin ninguna razón aparente, sino porque, verdaderamente, el trasladar la acción al otro lado del charco nos ofrezca más posibilidades o aporte algo relevante a la historia.

El éxito de una novela no debe estar limitado a un solo elemento, cuando reseño tengo en cuenta todos los detalles que han formado la historia: desde lo que prometía la sinopsis, pasando por los personajes, la credibilidad, el ritmo… Vale más una idea original que el hecho de hacer una historia más solo porque el género está de moda. Los títulos que he mencionado, por ejemplo, están reseñados en el blog, y como veis analizo cada detalle, me da igual si se ubica la historia aquí, en América o en Saturno, mientras la premisa sea interesante y esté bien fundamentada.  Si me creo la historia –obviamente, teniendo en cuenta que es ficción– y los personajes evolucionan, entonces creo que otros elementos pasan a segundo plano. Aunque, como siempre digo, esto siempre es una percepción subjetiva. Hay personas que no leen autores patrios y otras que no leen nada de fuera. Algunos lectores buscan novelas autoconclusivas y otros sagas interminables. Y con los géneros pasa lo mismo. Hay que tener en cuenta a nuestro lector ideal, pero también ser conscientes de que cualquiera puede leer la historia. Al final, de lo que se trata es de escribir lo que nos gustaría leer. Si haces esto, no puedes equivocarte.



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